lunes, 31 de octubre de 2005

Dios existe

Leandro Zanoni, autor de eblog, nos regaló en su blog un video de Diego Maradona bailando, con y sin pelota, al son de la música de moda en la previa a un partido del Nápoli.

Después de verlo, y enjuagar las lágrimas, mi agnosticismo se transformó en un profundo fervor. Dios existe.

jueves, 27 de octubre de 2005

¿Por qué hablan de lo que no entienden? (por una prensa menos ideologizada)

The trouble with the world is that the stupid are cocksure and the intelligent are full of doubt. Bertrand Russell

Esta mañana, en su programa en FM Aspen, Román Letjman le hizo un reportaje a Alberto Fernandez, el Jefe de Gabinete, para consultarlo sobre el costo del endeudamiento que pagó ayer el gobierno argentino en la colocación de Boden 15. Letjman empezó el reportaje pidiéndole a Fernández que le explicara el significado de Boden... ¿BOludos DE Nuevo? El argumento de Letjman, voy a resumir, fue que 1) pagamos una tasa muy alta "de nuevo", 2) que este es un piso para la tasa a la que pueden conseguir créditos las familias o las PYMES ("hoy se presta al 16%", dijo indignado), etc., etc.

La primera decepción fue que Fernandez no dijo nada que responda el argumento progre de Letjman. "Ese es el costo que podemos pagar hoy", "es el riesgo del país", etc., etc. Es decir que no se le ocurrió decir la primera cosa obvia: no fue una colocación de mercado sino a una tasa menor (cada inversor que comprara este bono perdía más o menos el 5% en relación al rendimiento del bono en el mercado). La compraron amigos como el gobierno de Venezuela o el Banco Nación.

Luego, a Fernández se le podría haber ocurrido preguntarle a Letjman si sabe que hay una relación entre la tasa de interés que se paga por un préstamo y el plazo. El Boden 15 paga el capital a los 10 años. ¿Realmente le parece tan alta? ¿Sabe Letjman cuánto paga México, o EE.UU. por un plazo parecido? Por ejemplo, el costo del financiamiento a 10 años para los norteamericanos es algo así como 4.5%. Pero es anormalmente bajo porque los bancos centrales asiáticos acumulan bonos del tesoro de los EE.UU. con el objetivo de mantener sobrevaluado al dólar. El diferencial de rendimiento entre un bono argentino y un bono libre de riesgo es alrededor de 4% - 4.5%. No es muy alto.

Los niveles de tasas de interés tampoco son muy altos. Son, por ejemplo, mucho menores que los del mega-canje donde, en algunos casos, se pagaron costos entre 14% - 16%.

¿Qué quiere Letjman? ¿Pagar lo mismo que Suiza que, en lugar de deuda externa es un acreedor neto? ¿Y por qué Fernández no sabe responderle?

Pero hablan como si supieran. Nada. La cita de Russell.

domingo, 23 de octubre de 2005

Volvió Prat Gay (ojalá se hubiera quedado en casa)

Alfonso Prat Gay publicó un artículo en La Nación el 5 de octubre. Todo llama la atención: quien lo dice, lo que dice, cuando lo dice y como lo dice.

Empecemos por lo breve: quien habla es un ex presidente del banco central de este mismo gobierno y lo hace a menos de tres semanas de las elecciones.

APG critica la piedra angular de la política económico: mantener un peso barato (o un dólar caro) o, en términos más técnicos, sostener un tipo de cambio real “recontra alto”. Y lo hace esencialmente contraponiendo el dólar alto de hoy al dólar barato de la convertibilidad. Dice APG:

“La moneda artificialmente apreciada (dólar barato o “tipo de cambio atrasado”) se paga con deflación y con la desaparición de cientos de miles de empleos. Es lo que nos sucedió durante los últimos años de la convertibilidad.”

“La moneda artificialmente depreciada se paga con mayor inflación y, consecuentemente, con la caída del poder adquisitivo de los que menos tienen. Cuando el tipo de cambio es el ancla y altar de la política económica, la variable de ajuste es, entonces, el bienestar de los sectores más desprotegidos.”

La retórica es inteligente: los excesos de los noventa son la contracara de los excesos de hoy; antes teníamos deflación, ahora tenemos inflación. Pero la argumentación es incompleta: como APG dice, en los años noventa pagamos el atraso cambiario con deflación y desempleo… ¿y no disfrutamos ahora de una fuerte creación de puestos de trabajo? Seamos consistentes. Antes: deflación y desempleo. Ahora: inflación y creación de empleos. ¿O la simetría funciona para los precios pero no para el mercado laboral? Omitir que el tipo de cambio real alto promueve la creación de puestos de trabajo no puede ser ingenua en APG. Lo sabe ¿y entonces por qué no lo dice? Retórica e intención.

Lo que le preocupa a APG es que, con tipo de cambio alto, el poder de compra de los salarios, medido en alimentos, es bajo. Estoy de acuerdo. Pero todo economista que se precie hubiera complementado la visión estática con una visión dinámica: si el tipo de cambio real alto promueve la creación de puestos de trabajo, entonces, el trade-off entre ambos modelos (por poner nombres digamos el modelo “deme dos” frente al modelo “veraneo en casa”) es entre pobres y laburantes pobres pero-con-una-perspectiva-de-mejora. Porque, hay que decirlo, hasta aquí, una parte significativa de los puestos de trabajo que se crearon son de baja calidad, de baja productividad y de baja remuneración.

Una pregunta menor, a esta altura, es porque APG limita el impacto del dólar barato a “los últimos años de la convertibilidad”. El sabrá pero la respuesta tal vez hay que buscarla en sus escritos de aquella época en JP Morgan.

Paso ahora a una cita más larga:

“Con tipo de cambio fijo no hay política monetaria. Al servicio de un objetivo cambiario, el balance del Banco Central eventualmente se deteriora al vender dólares baratos (como durante la convertibilidad) o comprarlos caros, como hoy. La autoridad monetaria contribuye así a la estrategia fiscal de ganar tiempo a expensas de una mayor inflación, comprando las reservas que posteriormente se le giran al FMI y “alquilando” las restantes. Para ello debe endeudarse a tasas superiores a las que recibe por las reservas que adquiere o resignar activos de rendimiento aún mayor –como los redescuentos ajustables por CER que hoy devuelven los bancos– porque la demanda de pesos, muy fuerte durante el inicio de la recuperación económica, ya no alcanza para absorber el impacto monetario de dichas compras. Hoy se sube la tasa de interés para comprar dólares, exactamente lo contrario de lo que sucedía hasta un año atrás cuando el Banco Central compraba dólares para bajar la tasa”.

¿Pero cón quién discute APG? ¿Con el modelo Lavagna - Kirchner? El régimen cambiario en curso no es de tipo de cambio fijo sino flotación sucia (o, como está de moda decir, flotación administrada). La diferencia esencial: el BCRA no compra dólares pagando “caro” porque no hace ninguna promesa de venderlos, ni caro ni barato. ¿Quién dijo que el BCRA va a vender mañana estos dólares a 2.80, 2.70 o 2.40, por decir algo? APG razona como en “convertibilidad”; es decir, como si la autoridad monetaria estuviera obligada a comprar y vender al tipo de cambio vigente (que es, dicho sea de paso, la característica de un régimen de tipo de cambio fijo). Pero eso no ocurre y se equivoca APG que lo dice y los que venden dólares suponiendo que existe algún compromiso de parte de la autoridad monetaria de volver a venderlos a alguna paridad menor que la actual.

Otra cita de APG:

“Hoy se sube la tasa de interés para comprar dólares, exactamente lo contrario de lo que sucedía hasta un año atrás cuando el Banco Central compraba dólares para bajar la tasa.”

Es cierto que un año atrás la deuda que se emitía para comprar dólares (letras del BCRA) era más barata. Hay varias razones que pueden haber influído para la suba del rendimiento. Una es el aumento en el stock de las mismas letras. Otra es la finalización del canje de la deuda que, aunque cierra una fuente de incertidumbre y entonces tiende a bajar los costos de financiamiento, también aumentó sustancialmente la oferta de activos financieros del país. Además, a niveles más altos de inflación es razonable que las tasas sean más altas. Es difícil saber cuál fue exactamente el precio de compra promedio de las reservas durante el período pero APG no nizo negocio comprando barato y vendiendo caro. De hecho, de lo único que APG puede preciarse es de haber disfrutado de un exceso de demanda de dinero y un exceso de capacidad instalada no utilizada que explica porque las tasas bajaban cuando APG compraba dólares.

La “montaña de pasivos de corto plazo” que tanto preocupa a APG tiene, como contraparte, una montaña de activos de corto plazo que son los dólares. Si durante el período de Convertibilidad se emitían pesos para comprar dólares y esto no generaba inflación, ¿por qué ahora emitir deuda para comprar dólares debería generar inflación? En esencial, no hay diferencias entre la desagradable aritmética monetarista y la desagradable aritmética fiscalista. Excepto que en la política en curso no se trata de ninguna de las dos: no se emite deuda para financiar gasto corriente y no se emite moneda para financiar gasto corriente. Esa es la base de la aritmética inflacionaria pero ¿qué pasa con el álgebra de APG?

APG nos dice que perdimos una oportunidad:

“El año 2003 nos había presentado una oportunidad inmejorable para olvidarnos del “dólar agro”,
del “dólar industrial” o del “dólar financiero” que tanto daño nos hizo. Fue un momento propicio
para apostar, en cambio, por un peso para todos los argentinos. Habíamos logrado lo que ningún
país logró a un año del desenlace de una crisis financiera y cambiaria tan devastadora como la de 1998/2002: mantener la inflación en niveles inferiores al 4% anual. Esa estabilidad de precios,
sumada al Programa de Unificación Monetaria (el rescate de los 7500 millones de pesos en “cuasi
monedas”), sentaba las bases de un proyecto distinto: el de una moneda única, propia y estable.
Una moneda cuyo valor reside en el compromiso explícito y creíble de las autoridades con la
estabilidad de precios. Una moneda que desarticule el cortoplacismo tradicional de los
argentinos. Una verdadera moneda de ahorro que estimule los proyectos de inversión de largo
plazo que tanta falta nos hacen. Una moneda que nos libre del flagelo social y moral de una crisis
financiera cada seis años. En síntesis, una moneda normal para un país normal.
Todavía no hemos dilapidado por completo esta oportunidad de cambiar las cosas para siempre y,
lo que es más importante, para todos. No es tarde para liberarse de la maldición del tipo de
cambio fijo. No olvidemos que la historia nos va a juzgar con la misma dureza con que hoy
juzgamos los fracasos económicos del pasado. “

Me cuesta entender todo esto. ¿Acaso la moneda estable y para siempre resulta de unos pocos años con inflación baja? ¿Por qué la convertibilidad fracasó entonces? ¿La estabilidad no dependerá también de muchos otros factores? Esto no es economía y la elección retórica de APG lo confirma: los argentinos tenemos mucha experiencia en pasar estaciones del año: invierno, primavera y, ahora, el otoño de APG. No estoy seguro de si es un economista profesional o un poeta del desastre.